Voces del Bordo - Primera noche de semifinales 4X4 TJ Night 2018
En medio de una multitud, un pequeño -pequeñísimo- escenario, un
cuadro de madera perfectamente pulido, listo para usarse. En medio de una
multitud, la gente que grita, se conmueve, chifla, aplaude, observa. En medio
de la terraza del cine Tonalá, un concurso de danza, quizá el único en su tipo.
Nos reunimos ayer, martes 10 de abril, para ser testigos del 4x4 Después de un par de años de seguirle
la pista a este evento, llegué envuelta por las luces de Tijuana a sentarme
cerca del escenario; porque después de haber esperado tanto, lo menos que podía
hacer era estar cerca. Nos reñimos ayer y todo parecía ser una fiesta, la gente
tomaba un cocktail, una cerveza, comía algo y esperaba paciente a que todo lo
que sucedió, sucediera.
Me sentí como una cría cuando todo empezó; la emoción invadió mis ojos
desde la primera coreografía, donde un hombre, una mujer y un niño, ¿qué? ¡Un
niño! ese no era un niño, era una bestia escénica lo que mis ojos presenciaban.
La precisión quirúrgica de sus pasos, su seguridad, sus ojos que brillaban con
la intensidad propia de la niñez y la furia de sus entrañas me conmovieron
hasta las lágrimas. Aplaudí, grité y no pude chiflar porque nunca aprendí, pero
eso no me impidió desbordarme de emoción.
Las cosas no pararon ahí. Henry Torres sube al pequeño podio donde los
bailarines se vuelven gladiadores, agradece a su peinador por su maravilloso
tocado -soy una fan descontrolada de este personaje- mientras Ángel Arámbula
luce una camiseta pintada a mano que dice 4 x 4, y yo, sin perder la impresión de lo que está
pasando afirmo: qué bueno que llegué hasta acá.
Continúa la contienda; tres mujeres jóvenes bailan un naufragio, el
tema se vuelve contemporáneo, me sorprende una y otra vez la destreza de sus
cargadas. Sentí el peligro cerca, pero no podía voltear la vista, el vértigo me
invadió. Mucho miedo y emoción justo cuando las cosas acabaron y la gente
nuevamente aplaude cual arena.
A continuación suben dos mujeres; un ojo de un color y otro de otro,
parecía un cuento extraterrestre mezclado con vogue. Una flor en la espalda y
movimientos perfectamente coordinados al compás del bit, ni una sola falla, ni
un solo titubeo. El ambiente se pone denso, la gente observa con detenimiento.
El pulso de la música y ellas con él como una marea, deshojan la flor en su
pecho y yo grito, salen en silencio y la gente aplaude.
Entre pieza y pieza Henry y Ángel suben y bajan orquestando un gran
equipo que hace realidad sus sueños y los de todos nosotros. El sueño de que la
danza tenga un público que se emocione como si fuera a ver un concierto de
rock. Los espectadores comentan entre sí con una sonrisa, del jurado ni se
diga, es cada uno un especialista magistral en el tema de la danza, con un ojo
experto y meticuloso, permanecen sentados como césares en medio de la gente.
Tres mujeres más suben para contarnos lo que ya sabemos: la deshonra
nacional y un tema que es sensible, porque se ha dicho tanto y se ha hecho tan
poco. Su pieza es una denuncia conmovedora. Nos están matando señores ¡sorpresa!
este también es un espacio de denuncia, y es que la danza es todo eso, es
familia, es naufragio, es una escena congelada de la mente de un iluminati y es
un lugar de denuncia. Acaba la pieza y con lágrimas en los ojos y muchos
aplausos y gritos despedimos a estas tres hermosas personas.
La noche está casi por terminar y yo no paro de sentirme excitada. Ni
los reyes magos me generaron tanta euforia. Estaba ansiosa de ver lo siguiente,
mujeres quitándose la ropa para dejarnos ver: nada. Este acto -casi
performatico, transgresor, finamente diseñado-
me encantó. La variedad de cuerpos, la expresión y su tarima
especializada hicieron de esta pieza un aparato malvado para decodificar el
cuerpo femenino. Ecléctico, preciso, absolutamente escandaloso.
Por último pero no menos importante, una pieza brutal. Lo mexicano, lo
regional, el diseño de moda, la danza, la acrobacia, todo estuvo presente.
Subieron uno a uno cinco personajes de ficción. Brutal, es la palabra. No creo que
sea la única vez que los vea, así que ahondare luego.
Me voy toda feliz del Tonalá después de unas cervezas y una rica
discusión con mis amigas y no puedo esperar a que sea jueves.
-Andrea Rivera
Alumna de la tercera generación del Centro de Danza y Producción Escénica de Baja California.
www.facebook.com/ANDREARIVERAandCO/
Fotografía: Julio Blanco
"Todas las actividades de Lux Boreal y el Centro de Danza y Producción Escénica de Baja California, son apoyadas por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes"








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